martes, 8 de noviembre de 2011

El descubrimiento del pulque

Por: Nelly R. Tobón

En el siglo XIX, 1869 para ser exactos, y bajo el cobijo de la Academia de San Carlos, el pintor José María Obregón realizó una de sus obras más conocidas: “El descubrimiento del pulque”. En un clima post-independentista que exaltaba las cualidades identitarias propias de lo mexicano y con una paleta cromática de tonalidades suaves, casi frías, con personajes estilizados y hieráticos, Obregón plasma un episodio de la historia del pulque: el momento en que Xóchitl ofrece pulque al rey de los Toltecas, Tepalcatzin.




Es el historiador Alva Ixtlixóchitl quien narra cómo Papantzin, padre de Xóchitl, descubrió mientras caminaba por unos magueyales un líquido que escurría de la base de una de estas plantas. Al acercarse, un ratón de campo salió corriendo luego de haber perforado la base de esta planta. Papantzin tomó algo de este líquido, que es aguamiel, y lo llevó a su casa.

Luego de algunos días, Papantzin notó que el líquido cambió de color, textura y aroma, y al probarlo se percató de que su sabor era distinto y delicioso, además de que lo hacía sentir un tanto más alegre. Es así que decide ofrecer un poco de este néctar a su rey, Papantzin, y lo hace acompañado de su esposa y de su hija Xóchitl.

Al probarlo, el rey queda muy complacido no sólo con la bebida, sino con la chamaca y decide proponerle a su padre que se quede a vivir en el palacio para ser educada y recibir atenciones. Con el tiempo, ella procrea un hijo con Tepalcatzin, a quien llamaron Meconetzin quien ya en la adultez se convertirá en el último rey tolteca, conocido como Topiltzin.

Esta historia está plagada de matices e inconsistencias, pero cuenta con todos los elementos necesarios para inspirar una obra que hoy cuelga de las paredes del Museo Nacional de Arte, en la calle de Tacuba.

1 comentario: